Terapias con niños, adolescentes, adultos y terapia de pareja

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Terapia adultos: hay momentos en que uno puede sentir que no tiene recursos suficientes para afrontar lo que le está pasando en su vida. Frecuentemente este malestar se hace patente a raíz de un hecho puntual, una pérdida, estrés laboral, una enfermedad,… a veces sentimos que el problema viene de lejos, que nunca hemos sabido cómo afrontarlo, que tropezamos una y otra vez con la misma piedra, a veces ni siquiera sabemos qué es lo que puede estar fallando.

En todo caso, sentimos que no estamos bien y queremos cambiar nuestra forma de vivir emocionalmente las cosas. La terapia psicológica nos ayuda a pensar qué nos pasa y por qué. El psicólogo es un profesional preparado para ayudarnos a conocernos y poder reflexionar sobre nosotros mismos, pudiendo así hacer cambios en nuestra vida que nos ayuden a sentirnos mejor, más libres y más capaces de afrontar lo que tenga que venir.

La terapia individual es un encuadre terapéutico donde psicólogo y paciente se encuentran periódicamente para hablar y pensar. Mediante la escucha empática, el principio de no juzgar y recursos técnicos diferentes, el psicólogo puede ayudar al paciente que quiera a hacer cambios profundos en su devenir psíquico que resultaran en cambios vitales importantes.

A veces el conflicto que tenemos no reside solo en nosotros sino en el ámbito de la relación de pareja. La terapia de pareja es un espacio pensado para que el terapeuta ayude a dos personas adultas a poder relacionarse de una manera más madura y emocionalmente más sana, a través del diálogo y el respeto.

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Terapia infantil: en el ámbito de la terapia infantil se incluye la atención psicológica a niños en edad preescolar (atención precoz), niños en edad escolar y adolescentes. A pesar de que los tres grupos requieren de técnicas de intervención muy diferentes, se trata en definitiva de personas en plena evolución y maduración psíquica. Cada etapa evolutiva implica cambios y conflictos propios que se deben entender y abordar adecuadamente a la edad y estado madurativo de la persona.

El sufrimiento psicológico de un niño o un adolescente acostumbra a ser difícil de detectar, pues no usan los mismos sistemas de comunicación que los adultos. Retrasos o regresiones en el lenguaje u otros ítems evolutivos, cambios repentinos de conducta, aislamiento social, irritabilidad u oposicionismo a las normas, bajada en el rendimiento escolar,… pueden ser síntomas de alerta que frecuentemente son la expresión de un sufrimiento emocional subyacente. Es por su peculiar sistema de expresión que hace falta un experto que pueda entenderlos y comprenderlos, y que con las intervenciones técnicas específicas, pueda ayudarlos a encontrarse mejor, poder hacer amigos y tener una mejor comunicación con sus padres, para poder hacer una evolución hacia la etapa adulta de la vida psicológicamente saludable. En niños pequeños el juego y el dibujo son las herramientas principales de trabajo, y con adolescentes el diálogo empático y cercano es el medio básico de comunicación.

En la intervención terapéutica con un menor siempre hace falta la conformidad de los dos progenitores y su implicación y colaboración en el tratamiento. Es por eso que se realizan entrevistas periódicas con padres, donde se comenta la evolución terapéutica y se ayuda a encontrar el mejor tipo de relación padres-hijos que repercuta en el bienestar del menor y la mejor convivencia familiar.

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Evaluaciones psicológicas clínicas: una buena terapia requiere de un buen diagnóstico. A pesar de que a veces no sirvan las etiquetas médicas en la comprensión de lo que nos pasa, si que como mínimo hace falta un análisis exhaustivo de la personalidad y de sus conflictos básicos.

La psicología es una disciplina dotada de herramientas concretas para realizar esta tarea de análisis del problema y de la personalidad. Tanto si se trata de un niño pequeño como de un adulto, en cada caso se aplican procedimientos específicos.

En Psiquia tenemos un equipo entrenado para hacer evaluaciones psicológicas clínicas. Consiste en una serie de visitas de recogida de información y aplicación de pruebas diagnósticas que concluyen en una visita de devolución de resultados donde, de forma detallada y comprensible, se explican las conclusiones de la evaluación. Esta devolución de resultados se puede complementar con un informe psicológico clínico.